Ayudas ergogénicas en el deporte 1


Precisamente estos días en los que la sombra del uso ilícito de sustancias dopantes ha manchado la imagen del mundo deportivo, es, creo yo, un momento idóneo para hacer una revisión de las ayudas ergogénicas en el deporte, así como para volver a romper una lanza ( y todas las que sea preciso) en favor del buen hacer y del buen nombre de miles de deportistas y personas dedicadas al mundo deportivo, sanas de cuerpo y alma, y entregadas con honestidad y esfuerzo a cumplir su esquema de vida.

Ergogenia: ¿Toda ayuda es poca?

En general, se define la ayuda ergogénica como la aplicación de cualquier método o maniobra (ya sea de tipo nutricional, físico, mecánico, psicológico o farmacológico) que se realiza con el fin de mejorar la capacidad de realizar un trabajo físico determinado o el rendimiento deportivo. (Mac Ardle y cols 1991).

Williams (1992) definió el término “ergogénico” como cualquier medio para aumentar la utilización de energía, incluyendo la producción de energía, su control y su rendimiento. Si una determinada manipulación mejora el rendimiento a través de la producción de energía, se denomina ergogénica y si lo reduce, ergolítica.

Por lo tanto, la ayuda ergogénica se emplea en un sentido más amplio que el de las simples manipulaciones nutricionales y farmacológicas.

Existen 5 categorías de ayudas ergogénicas:

Ayudas mecánicas: zapatillas, mallas equipamiento deportivo, bañadores, plantillas, cinturones…

Ayudas psicológicas: Hipnosis, psicoterapia

Ayudas fisiológicas: Campanas de hipoxia, tiendas hipobáricas, entrenamiento en altura, etc…

Ayudas farmacológicas: Cafeína, antioxidantes, bicarbonato…

Ayudas nutricionales: Dieta de supercompensación con carbohidratos, creatina, bromelina, aminoácidos ramificados, probióticos, etc…

A lo largo de una serie de apuntes en el blog “Entrenamiento y nutrición” iremos realizando una somera revisión de estas ayudas ergogénicas. El objetivo de estos temas es conocer en qué consisten estos apoyos, especialmente los nutricionales y sobre todo, cuáles de ellos pueden ser utilizados con un beneficio demostrado para los deportistas, disipando algunas dudas con el fin de evitar errores metodológicos y confusiones que pueden invertir los efectos deseados y no conseguir por tanto, las mejoras buscadas, o peor aún, disminuir el rendimiento o poner en peligro la salud del deportista.

Raquel Blasco Redondo.

Médico especialista en Medicina Interna.


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