Las bondades del ayuno intermitente (II) 3


El ámbito de la salud no está libre de tendencias o modas, algunas de ellas pasajeras. Pensemos en el siguiente ejemplo:

“El pescado azul es bueno para porque contiene Omega-3, que son muy sanos…”

Sin embargo, no deberíamos consumir pescado azul, porque podría estar contaminado con metales pesados (por ejemplo, mercurio)…”

“Bueno, de todos modos, el pescado azul parece ser que sí que es bueno porque las últimas pruebas demuestran que en realidad no está tan contaminado con metales pesados…”

“No, el pescado azul es malo porque la industria de la pesca es la que financia ese tipo de pruebas…”

… y así sucesivamente

Pues bien, con el tema del ayuno ha sucedido algo similar. Desde hace tiempo sabemos que comer varias comidas pequeñas al día es altamente beneficioso para la salud, ya que evita que el cuerpo entre en “modo de hambre” y comience a acumular grasa al pensar que nos encontramos en época de escasez. Así, mantener una fuente constante de proteínas, grasas y carbohidratos durante todo el día permite que no haya grandes fluctuaciones en nuestro nivel de azúcar en la sangre debidas a incrementos o descensos bruscos de la insulina (la insulina aumenta en la sangre después de las comidas). Por tanto, nuestro organismo estaría menos predispuesto a almacenar la grasa y más inclinado a quemar el excedente de grasa. Según esta concepción, Dios nos ampare si omitíamos el desayuno, o nos saltábamos la cena, especialmente de forma periódica, ya que esto podría hacer estragos en los delicados sistemas hormonales que nos mantienen en equilibrio homeostático.

Sin embargo, ahora esta concepción está comenzando a cambiar ligeramente. Un gran número de estudios realizados en los últimos 15 años sugieren que el ayuno periódico podría tener resultados espectaculares, no sólo sobre la reducción del tejido adiposo corporal, sino sobre la salud y el incremento de la longevidad. El artículo que comentamos, publicado en American Journal of Clinical Nutrition (Revista Americana de Nutrición Clínica), resume ampliamente estos beneficios, entre los que se incluyen la disminución de la presión arterial, la reducción de los procesos de oxidación (y, por tanto, de radicales libres), el incremento de sensibilidad a la insulina (recordemos que la diabetes tipo 2, la de inicio en la edad adulta, se caracteriza principalmente por un incremento en la resistencia a la insulina), así como la disminución del tejido graso.

Desde una perspectiva evolutiva, es lógico pensar que nuestros predecesores vivieron con seguridad a lo largo de ciclos regulares en los que se alternaba la escasez y la abundancia de alimentos (invierno y verano, sin ir más lejos). Así, nuestro organismo habría establecido mecanismos de protección para adaptarse a estas condiciones mediante la sensibilización de los receptores de insulina cuando es fundamental “aprovechar” cada gramo de alimento ingerido transformándolo en grasa, o mediante la desensibilización de los receptores de insulina en épocas de excedente, con la finalidad de no cargar excesivamente el organismo con grasa cuando no es necesario.

En fin, sabemos que el cuerpo es sabio. No obstante, no olvidemos que el mundo moderno se parece poco a las condiciones en las que ha vivido el ser humano durante la gran mayoría de nuestra existencia como especie. Quizás ayunar un día al mes (en función de las necesidades individuales) nos ayude a sintonizar nuestro cuerpo.

Link al artículo original (acceso gratuito)

http://www.ajcn.org/cgi/content/full/86/1/7


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3 ideas sobre “Las bondades del ayuno intermitente (II)

  • Noel

    Buenas!
    En primero lugar daros la enhorabuena por el gran blog 😉
    Queria saber si el ayuno del que hablais, seria un dia a base de agua o tambien a base de otros liquidos?

    Un saludo y gracias de antemano!

  • Laura Escobedo

    ¡Muchas gracias Noel!
    He comunicado tu consulta al Dr. Alberto Pertusa, así que tenga disponibilidad te responderá. Un saludo, ¡y gracias por seguir el blog!